Publicaciones del siglo XIX en la provincia Huaylas

Augusto Alba Herrera, en junio del 2010, presenta el libro “Enciclopedia Temática de la literatura en la provincia de Huaylas”. Ahí interpreta el tipo de publicaciones o escritos publicados en la época colonial e independencia de aquella provincia.

Época colonial:

Existe un memorial de 6 de julio de 1780 que elevado por los caciques Patricio Gonzales Rumaycochachin y Carlos Gonzales Nunacochachin, representando a los pueblos de Macate, Huaylas, Mato, Carás, Yungay, Carhuás, Recuay, Marca, Cotaparaco, Aija, Pampas y Cochabamba y Huarás; reclaman al corregidor y Justicia Mayor de la provincia Huaylas, Marqués de Casa Hermosa, que por derecho propio fueran atendidos por la Caja de Censos para aliviar los males producidos por la sequía y la enfermedad.

El documento muestra que sólo la aristocracia indígena tuvo el privilegio de poder o un instrumento de conocimiento a la escritura, aprendiendo a leer y a escribir en un colegio reservado a ellos como el convento huaracino de Belén, pero con la sublevación de Túpac Amaru quedó rota la alianza de la nobleza inca con las autoridades coloniales y como consecuencia se les prohibió continuaran educándose en estos colegios.

Todo lo que parecía guardar la “memoria” de los incas, las autoridades eclesiásticas trataron de destruir. En la época de la extirpación de la idolatría en la antigua provincia de Huaylas (1622), don Fernando de Avendaño fue acusado de lo siguiente: “el visitador azotaba a los indios y los apremiaba a que descubriesen las guacas y que algunos los descubrían las tenían y otros sin tenerles miedo decían que tenían ídolos y buscaban piedras, diciendo que adoraban a ellas”. A su vez, el visitador Rodrigo Hernández Príncipe, empleaba por metodología la persecución en todo lo que fue posible para descubrir las huacas para destruirlos.

Por lo expuesto, la religión católica coactaba la libre manifestación de los indígenas y mestizos, pues, el Concilio Segundo Provincial no les permitía lo que llamaban “profundidades” porque les parecía que los indios viejos o amautas, acostumbraban traer a la memoria “otros ríos gentilicios y darles noticias de las guacas y oratorios, y persuadirles a que vuelvan a ellos; y estas la hacen de ordinario en su lengua y especialmente en la materna de los pueblos donde los hay, para que los demás no lo entiendan o descubran, y conviene que tan santo Decreto así lo guarde, no solamente en los bautismo y casamientos, sino también de las confirmaciones en las honras de los difuntos, y en las fiestas de las iglesias y cofradías; pues hay para ello la misma razón. Por tanto, mandamos que los curas pongan mucho cuidado en que se cuiden en todo los dichos casos y otros semejantes…”. Este edicto de extirpación fue dado en Huacho y remitido por el arzobispo de Lima, Dr. Pedro de Villagómez, en agosto de 1745 al cura propietario de Huaraz, Diego de Tello.

Independencia y siglo XIX:

Desde la época de la Colonia y gran parte del siglo XIX la literatura ha confrontado un doble problema en el orden humano: la existencia de una gran masa de población analfabeta y otra de instrucción deficiente por la escasez de maestros capacitados para impulsar el desarrollo científico-cultural en las pocas escuelas, el profesorado autoformado se hacía vitalicio por necesidad en el cargo, contribuyendo a congelar la mediocridad a sus discípulos.

En los primeros momentos de nuestra independencia aparece el indio en la literatura de propaganda de los insurgentes, en las proclamas, poesías, decretos y leyes escritos en lengua quechua; dado por nuestros próceres con la finalidad de crear conciencia de la necesidad de liberarse de la opresión e independizarse del yugo español.

Así circuló la proclama de don Bernardo de O´Higgins y el anuncio de la instalación del Congreso Constituyente de 1822 o la del cura Cayetano Requena, natural de Cochas (provincia Ocros) con su proclama: “La sombra de Atahualpa a los hijos del sol”.

Como efecto, surge la presencia participante del pueblo de San Lorenzo de Huata, (mayoritariamente campesina).

Tenemos a la vista un documento proporcionado por el historiador Manuel S. Reina Loli del Archivo Notarial de Alvarado de Huaraz que es sumamente de interés. Documento que fue dirigido directamente al ministro de San Martín, don Bernardo de Monteagudo, en el año de 1821:

“Manuel Luna y Montañez, oriundo del pueblo de San Lorenzo de Huata, Doctrina de Carás y Provincia de Huaylas, como más haya lugar en derecho paresco ante Vuestra Excelencia y digo: Que es verdad en que toda la gente de dicho pueblo de Huata los han jurado (ilegible en el original) pero faltando ocho días para esta funcia, un día domingo yo con un primo mío Eulalio Ferrer (Montañez) después del santo sacrificio de la Misa habíamos hecho jurar a más de mil y más gentes, de modo que toda la gente concurrieron al castillo en donde habíamos estado sentados con corona de Incas, presidiendo el mismo patrocinio de Libertadores de Vuestra Excelencia juramos legítimamente se ser patriotas y ciudadanos por las calles públicos del chico al grande, aclamando la libertad dando mil gracias al Libertador del Perú, es así que hemos venido a aquella poderosa justificación, se informe de sus feligreses. Pues justamente hemos jurado y juraron los patriotas de dicho pueblo ya mencionado con la mayor fidelidad; por los referidos juramentos hemos pasado en persona a dar cuenta a Vuestra Excelencia de las cosas ocasionadas contra la torrente de los opresores…”.

“De vuestra Excelencia pide, y suplico sírvase, y se haya presentado, y en virtud de lo expresado se digne ordenar y conferir a la persona que mejor derecho tenga para el cuidado de velar y zelar (celar) a los enemigos, y opresores que nos causen sus mayores trabajos que es la que espero alcanzar merced a favor de la distributiva poderosa mano de Vuestra Excelencia…” (firmado) Manuel Luna”.

“Lima diciembre 15 de 1821”.

“Pase al Presidente del Departamento de Huaylas”.

San Martín – Monteagudo.

En el documento, aparece el sugerente proveído del presidente José de Rivadeneira y Tejada:

“Huaráz, Enero 17 de 1822. Siendo plausible el celo y ardor patriótico de los recurrentes coronándose Incas de farsa siempre que sus fiestas tuvieron a bien hacer sus pantomimas para divertirse inspirándose mutuamente en estas celebraciones, amor a su independencia política para preparar a la opinión pública al recibir la forma de Gobierno que se acuerde en el Congreso de los Departamentos Libres”.

Para el distinguido historiador Reina Loli, el proveído de Rivadeneira y Tejada: “nos hace ver que él quería valerse del teatro como medio educativo para fomentar las virtudes cívicas del pueblo y por otro lado, sus recomendaciones del Baile del inca, hablan bien a las claras las siguientes palabras: “Los recurrentes corónense Incas de farsa…”, inspirándose mutuamente en estas celebraciones, amor a su independencia política para preparar la opinión pública a recibir la forma de gobierno que se acuerde en el Congreso”. La imagen del Inca de Farsa despertaría la añoranza hacia la monarquía incaica.

Los promotores mestizos huatinos ejecutaron la pantomima, coronándose Manuel Luna y Eulalio Ferrer “incas de farsa”, dándole a la imitación la más evidente sensación de realidad, tal como acontecía con los patriotas de Lima, que vinculaban las conmemoraciones cívicas y las diversiones a los principales sucesos de la lucha de la independencia.

A juzgar, los huatinos Luna Montañez y Ferrer Montañez, habrían sido los únicos de guardar en la memoria oral una parte de nuestra historia, por lo que representarían la coronación del Inca reproduciendo un fragmento desde la perspectiva de su propia cultura que oscilaba entre la realidad y el mito, y tendría un alcance de penetración incalculable en el imaginario popular, y a la vez contribuía a un discurso nacional.

Además, favorecía a la difusión de las ideas, dando cuerpo al ideario político del utópico retorno al gobierno de los Incas; ofrecía la posibilidad de servir de puente necesario de identidad en un todo heterogéneo con un objetivo específico: la adopción del Congreso en la forma de gobierno del Perú, parecido al pasado glorioso de los Incas.

Esta pieza teatral cuyo parlamento no se conserva en la actualidad en nuestra literatura oral, sólo una vaga remembranza de un acto que se realizó al pie del resto prehispánico de Shaquipampa. En la obra original, recorrían las calles del pueblo de Huata.

Tampoco se conserva el tipo de danza que se ejecutó con sus cantos, gestos, mímicas y sonidos musicales, medios puros y directos de la expresión con que demostrarían los huatinos su patriotismo y opinión para que el Congreso adopte la forma de gobierno que debería tener el Perú.

Lo acontecido en el pueblo de Huata tuvo como antecedente según el informe enviado por el cura coadjutor de la parroquia de San Pedro de Corongo, Sebastián Sotomayor; al arzobispo de Lima, comunicando que a fines de 1780 se produjo un tumulto encabezado por Francisco Gaviria que tomó el nombre de Francisco I, haciendo huir a pedradas al corregidor Vicente Vásquez al que amenazaron de muerte.

Otro hecho que induce a reflexión es un pasquín de 25 de diciembre de 1781 que apareció en Carhuaz, que decía: “…si en la tierra de arriba han existido dos Túpac Amaru, aquí hay doscientos”.

En la bibliografía de las postrimerías del coloniaje resalta los “Breves Apuntes que podrían servir para la descripción del partido de Huaylas y conocimiento de su estado” y forma parte del expediente de vista del partido de Huaylas en 1817.

El subdelegado del partido (1814-1819), Felipe Antonio Alvarado, entregó un amplio informe reservado al intendente de Tarma, José Gonzáles de Prada, que se encontraba visitando la provincia en setiembre de 1817.

El informe fue fruto de la percepción de Alvarado en el recorrido oficial de inspección del corregimiento de su mando: “cerca de sesenta mil almas”, el desarrollo educacional, agrario, ganadero, minero, industrial comercial y las condiciones determinantes.

Se está frente a una percepción marcada por las estructuras invisibles de la ideología de los reformistas de la época emancipadora, que abarcaba las ideas políticas, jurídicas, morales, estéticas, religiosas y filosóficas que se descubren de la lectura de la obra, cuya autoría ahora está en discusión.

“El Popular de Ancash” de 1842, dio noticia de aquel documento, pues se había encontrado una copia en el archivo personal del Dr. Juan de Mata Arnao y que se adjudicó como autor del trabajo.

En la imprenta de El Popular de Ancash, se editó el 1 de setiembre de 1841 la “Gramática Castellana” de Manuel Hermenegildo del Río, para ser utilizada en las escuelas y colegios del departamento Huaylas, substituyendo a la antigua Gramática Castellana de Antonio Lebrija en la que se determinaban “las leyes y el espíritu de un lenguaje universal para la utilización del imperio español”.

El 25 de julio de 1857 se creó la provincia de Huaraz y asignan a Caraz como capital de la provincia Huaylas. A partir de esta fecha debemos continuar estudiando la evolución de la literatura de la provincia de Huaylas.

Sin embargo, durante el siglo XIX, Huaraz fue la influencia de los libros de filosofía del presbítero Amadeo Figueroa, que los escribió motivado por “la importancia trascendental de su estudio y la necesidad de un texto que su buen método y sana doctrina, satisfaga las exigencias de la juventud estudiosa”. Estos libros de acuerdo con el Prólogo se componían de cinco tomos: lógica, metafísica, moral, gramática general, historia de la filosofía y el estudio de los dogmas católicos.

La producción literaria en poesía en los primeros años de la república fue en forma anónima o solo con seudónimo.

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