El árbol de Cruz Viva

Cruz Viva es una de las tantas zonas de Caraz por conocer (capital de la provincia Huaylas). Aquí la leyenda escrita por el poeta y novelista Román Obregón Figueroa en el libro Andes Mágicos, editado en mayo del 2008.

A poca distancia de Caraz, al norte, antes de llegar al barrio Tingo, ahora Nueva Victoria, se encuentra la calle de Cruz Viva.

Antaño, junto a una herrería, había un molle de tronco robusto, dos ramas como brazos de grosor que indicaba edad respetable, figura de la cruz mesiánica, protegida por múltiples ramitas llenas de hojas que le daban vida y frescor. Estaba muy próxima a la vereda, protegida por medianos muros de abobe y una verja rústica.

Fue un molle al que la naturaleza proporcionó las características motivadoras del nombre que tiene la tradicional vía.

Doña ticu, vecina del lugar, contaba así:

El árbol nació y creció como cualquier molle. Cierta noche una mujer de mediana edad se cobijó junto al tronco joven, temerosa de los borrachines que alborotaban en las inmediaciones. Se encomendó a la pequeña cruz de plata que llevaba en el cuello, y que colgó en una pequeña rama, confiándole su mayor protección.

A pesar del frío nocturno, quedó dormida apaciblemente. Con el albor del nuevo día abandonó el lugar sin manifestar extrañeza al mirar el molle que había adoptado la forma de la cruz de plata que de nuevo colocó cerca de su corazón.

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