Los de antes y los de ahora

José Terry adopta cultura

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“Lo que me gusta es escribir, y cuando termino es como cuando uno se va dejando resbalar de lado después del goce, viene el sueño y al otro día ya hay otras cosas que te golpean en la ventana. Escribir es eso, abrirles los postigos y que entren”.  Julio Cortázar.

Ventana de Lafe: José Terry Pacheco.

Un año difícil para los que plasmamos historias, opinamos sobre temas diferentes. Con el respeto que merecen nuestros lectores, tuve mis vacaciones forzadas, el motivo: el director de la revista El Inca con serios problemas de salud.

Fui testigo de su lucha contra el “enemigo silencioso”, como suelo llamar al cáncer. Hoy toca tenerlo, gozar de su recuerdo, hacer que viva al seguir escribiendo en la revista.

Luego de mi pequeño homenaje al maestro Rómulo, ingreso nuevamente al túnel del tiempo donde todo cambia. Así todos podemos contar una historia diferente, podemos cerrar los ojos y añorar el pasado, al abrirlos disfrutar del cambiante presente.

Puse “Los de antes y los de ahora”, infundido en lo que vivimos: una revolución tecnológica. Sin embargo, a veces creo que todo es relativo, el modo de vida o entretenimiento casi es el mismo, lo que cambia es la tecnología.

Este artículo lo inspira mi abuela paterna. Su entretenimiento principal era leer obras de peso como ella lo llamaba; o escuchar novelas en radio La Crónica auspiciado por jabón Pacocha que regalaban premios a los que participaban en los concursos que realizaban sobre temas relacionados a la novela.

Tuve la suerte de verla feliz, siempre ganó premios, sin embargo, este hobby o vicio generaba conflictos en la dedicación a nosotros sus nietos, ya que en ese momento no podíamos interrumpir; no estaba para nadie.

Hace unos días me tocó estar en la sala de espera en una conocida empresa de transporte. Al observar la zona donde se sirve alimentos, había muchos jóvenes con su respectiva pareja.

En un rincón logré ver a una pareja de avanzada edad (aproximadamente de 75 a 80 años), mi sorpresa fue ver a la dama concentrada en leer una obra, sin importar si existía su pareja.

El señor, a su vez, con tres paquetes de casino igual de concentrado jugando solitario, sin inmutarse que tenía a la dama a su lado.

Esa actitud duró más de tres horas, hasta que por los parlantes se escuchó una melodiosa voz:  anunciaba la partida del bus al Callejón de Huaylas.

Cuando insistí en observar las otras mesas, pasaba la misma escena, pero en este caso los protagonistas no eran los casinos ni el libro, la reina de la concentración y la abstracción era el famoso celular, posiblemente predominando el chat o el “face”.

Eran mesas de a dos, pero cada quien vivía su mundo, en ninguno de los casos el uno existía para el otro, solo era importante el aparato llamado celular; lo más notorio era el movimiento de los dedos, además de las sonrisas casi estúpidas de los protagonistas.

Entonces no podemos vivir quejándonos de lo que sucede en la actualidad, el sistema es casi el mismo con variantes como la tecnología.

Hay mucho por comparar entre el pasado y el presente, pero llegaremos a la conclusión que casi siempre vivimos ensimismados y abstraídos en lo de antes y lo de ahora, solo cabe preguntar como siempre: ¿Qué época fue mejor?

PD:

Por favor no regalen la revista El Inca, debería tener un precio, aunque sea simbólico; nadie admira cuando se regala, es mejor que les cueste. En mi caso siempre adquiero cinco revistas para obsequiar a mi familia, quienes son asiduos lectores de la revista.

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